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out of niagara

Joder, no he visto Matrix Revolutions...

...y estoy que trino, bueno que si lo estoy. Para un ab-so-lu-to fan de la trilogía como yo, podríamos considerarlo casi un pecado. Unamos mi natural despiste a mi instrínseca confianza en que la gente es menos borrega de lo que parece y tendremos el porqué de esta mi debacle personal. En fin, como suele decir mi querida progenitora, más se perdió en Cuba.

¿Qué tiene la saga de Matrix que levanta pasiones? A estas alturas, gente mucho más letrada y preparada que yo ha intentado resolver esta cuestión, como siempre sin conseguirlo. Y creo que la razón es que se trata de una película estéticamente tan avanzada (a pesar de los préstamos cyberpunks y manga), tan sensorialmente impactante, que, en cierta medida, podríamos compararla con la poesía, en el sentido de que cada espectador ve e interpreta una película completamente distinta a la de su vecino de butaca. Haced la prueba: preguntad a amigos y familiares que os cuente el argumento, o el papel del hierático Neo dentro de la historia: os aseguro que no habrá dos respuestas iguales. Supongo que esa es la cualidad fundamental de una obra maestra, el forjar una dicotomía casi maniquea entre su público.

Conste que a mí no me preocupa el final de la saga, podríamos decir que me la trae al pairo. A estas alturas, es muy difícil sorprenderme. Ya lo dijo el amigo Asimov: cuando tú mismo empiezas a escribir, los argumentos ajenos dejan de parecerte interesantes y se convierten en predecibles. No he visto la tercera parte de la trilogía (esa es la razón --la excusa-- de este artículo), pero sé que no voy a equivocarme mucho. Paréceme a mí que los Güachoskys estos de tontos no tienen un pelo y seguro que serán coherentes. Neo tiene que morir, o, al menos, transfigurarse, pues toda la parafernalia mística (aunque esté teñida de filosofía oriental) se ciñe al dogma cristiano de el Elegido que se sacrificará por el bien de su pueblo. Por eso pienso que Neo (un anagrama de ONE --El Único, en inglés--, qué listos ellos), dará su vida por Sión, o se fundirá con el Agente Smith en una nueva especie de organismo cíbrido que unirá a hombres y máquinas en una nueva especie. Esto último es puro onanismo mental, pero queda bonito.

Como decía, no me interesa especialemente el destino de los personajes, ni siquiera si Sión (que, seguramente, se encuentra en una capa interna dentro de Matrix) cae o no, ni si hay muchas más realidades aparte de esta y la de las máquinas, ni si el Arquitecto o el Oráculo son programas o simplemente dos de los cien mil nombres de Dios... Estamos hablando de cine, y cuando hablamos de imagen, yo quiero que me dejen sentado en la butaca, boquear de puro placer visual, sentirme atravesado por esos claroscuros refulgentes, por ese movimiento de cámara en tiempo lento (término acuñado por Orson Scott Card en Un Planeta llamado Traición), ser salpicado por esa impactante lluvia que parece redimir hasta la más ruin de las escenas... Quiero disfrutar en una sala, con esa excelente banda sonora de reminiscencias cyberpunk que te mantiene la adrenalina en su nivel adecuado (en contrapunto con las frases sinfónicas habilmente engarzadas, dignas de Star Wars llegado el caso)... Un placer para los sentidos.

Desde aquí felicito a los que, al contrario que yo, fueron como hormigas aplicadas en espera del crudo invierno. Consiguieron su recompensa, ayer a las tres de la tarde. Me acordé de ellos, mucho, y de sus antepasados. Las cigarras somos así de rabiosas, y con cierta tendencia a las pataletas sin sentido.
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